Management: Toni, Rafa Nadal y la exigencia

Toni Nadal no habría hecho de mí el número 1 de la ATP, pero igual de cierto es que no cualquier entrenador lo hubiese hecho de Rafa Nadal. En su carta de despedida Toni descubre para los managers “distraídos” un secreto- a voces para los managers aplicados-: La importancia que él le dio a la exigencia en su faceta como formador- lo prefiere a entrenador- de Rafa, y yo añado, el papel fundamental de esa exigencia en la carrera de Rafa.

Afortunadamente, no solo para mi sino para los equipos con los que he trabajado, la exigencia ha sido algo que ha estado en lo más alto de mi lista de prioridades a la hora de dirigir. Pero desgraciadamente esta visión no está muy extendida y el “buenismo” hace que managers y colaboradores se descarríen por sendas diversas pero que todas llevan al incumplimiento de obligaciones y objetivos.

La exigencia hacia un equipo comienza por la autoexigencia y ahí tropezamos con la primera piedra ya que muchos managers consideran que el management es la tierra prometida, y una vez que llegas allí, tienes derecho a saltarte lo que para el resto son deberes.

Y sin extenderme mucho- por obvio- en muchos casos se establece una relación manager-colaborador donde el primero trata bien al segundo si este le ofrece “lealtad incondicional” y ambos juntos emprenden un camino sin retorno hacia la mediocridad.

Son muchas las situaciones en las que la falta de exigencia pasa factura y a título de ejemplo citare dos de mis favoritas: aceptar previsiones de ventas- o de finalización de un proyecto- que incumplen el objetivo fijado y pagar incentivos sin haberse cumplido los objetivos.

Si un manager acepta previsiones que no llegan al cumplimiento del objetivo podrá conseguir una medalla de “acierto en el forecast” pero es seguro que lo que va a conseguir es una invitación para abandonar la compañía, y hasta que esto ocurra habrá establecido una norma no escrita de que en esto de las previsiones, todo vale.

Cuando un manager interpreta el significado de incentivo y en vez de pagar automáticamente cuando el resultado se ha conseguido y no hacerlo cuando la aritmética dice lo contrario, cuando echa mano del esfuerzo, de la mala suerte, de que casi ha llegado, algún sunami o cualquier excusa creativa para pagar a los incumplidores, entonces, está instalando la mediocridad como cultura y el fracaso como fin de viaje de su equipo.

La exigencia en el comportamiento del manager no es una condición suficiente, pero es absolutamente necesaria. Gracias Toni por haber sido exigente y por haber contribuido con esta exigencia a los triunfos abundantes y consistentes de Rafa, y gracias también por este último mensaje, tan sencillo como rotundo.

https://elpais.com/deportes/2017/09/10/actualidad/1505057683_841147.html

 

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